Educando para la mediocridad
Denise Dresser
Sintesis escrita por: Edgar Alejandro Gomez Hernandez
La autora nos menciona en esta presentación que en lugar de educar para la prosperidad, las escuelas públicas del país están educando para la mediocridad. Para la parálisis. Para el rezago. Para que el país, en términos comparativos, pierda cada vez más terreno en la competencia internacional en lugar de irlo ganando.
Todo eso debido a que se hicieron públicos los resultados de la prueba educativa internacional –PISA– y nuevamente México volvió a quedar en un mal lugar. Solo esta por arriba de Albania, Argentina, Azerbayán, Brasil, Indonesia, Jordania, Kazajastán, Panamá, Perú y Qatar.
La verdadera sorpresa para muchos fue la posición de Shanghai-China. En su primera medición, la ciudad ocupó el primer lugar a nivel global en las tres áreas evaluadas. Y más impresionante aún: las escuelas chinas con las peores evaluaciones quedaron a la mitad de la tabla de todos los países que participaron, incluyendo los miembros de la OCDE.
China ahora le demuestra al mundo que también se está convirtiendo en una potencia educativa mientras que en México insistimos en negar la realidad o cerrar los ojos frente a ella.
Como ha sugerido David Calderón, estamos tan mal educados que ni siquiera sabemos cuán importante es la educación.
China lo entiende y en los últimos diez años ha reformado sus escuelas y entrenado a sus maestros con el objetivo de producir alumnos de clase global. Pero en nuestro país la escuela pública se ha convertido en una fábrica para pobres; un lugar que condena a los mexicanos a quedarse en el mismo lugar en el cual nacieron, sin acceso a la movilidad social y poco preparados para la competencia global.
La mejor manera de reaccionar sería a través de una apreciación crítica y honesta de cómo llegamos a la pésima situación en la que estamos parados. Con estos resultados podemos constatar los altos índices de abandono educativo, esto aunado a un nivel de desempleo alto y con una informalidad aún mayor, solo provoca que a los jóvenes se les coloque en una ruta de colisión con el futuro. La economía global que surgirá de esta recesión será muy diferente: la competencia entre los mercados emergentes será mayor y sólo los países que cuenten con una fuerza de trabajo competente y capaz podrán salir del hoyo. Va a ser necesario un esfuerzo educativo nacional que enseñe no sólo lo básico. Va a ser indispensable producir mexicanos creativos, críticos, pensantes, capaces de entender problemas complejos y cómo resolverlos. Y ello requeriría comprender la urgencia de transformar nuestro sistema educativo para sustituir la mediocridad por la excelencia.
Al país le urge mejorar la calidad de sus maestros, enfatizar la excelencia por encima de la cobertura, reclutar a sus mejores graduados y canalizarlos hacia la profesión educativa, otorgarle al maestro la autonomía y la dignidad perdidas. Todo ello requerirá un liderazgo para la transformación profunda que ha estado ausente hasta el momento en la SEP. México necesita un secretario de Educación Pública cuya ambición sea ascender a los primeros lugares de la prueba PISA en menos de una generación, y no personas que calientan la silla detrás del escritorio de José Vasconcelos en espera de un dedazo presidencial. La SEP ya no puede seguir perdiendo el tiempo, conformándose con avances milimétricos, congratulándose con cambios microscópicos; sólo falta la voluntad política para tomarla.
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